
La tarde del sábado, que en este tiempo estaría reservada a la navegación, sino fuera porque el verano se ha empeñado en pasar de largo por estos lares, la empleé en esa otra alternativa, ese segundo plan que es obligado tener cuando se vive en lugares donde el sol y el buen tiempo no son seguros; y por lo tanto los planes cambian a medida que las nubes avanzan. No crean; aunque esto puede parecer un incordio, que si lo es, ya por la fuerza de la costumbre tal vez , incluso, es un acicate para pasar una tarde distinta. Por lo tanto, con unos nubarrones negros jugueteando con el sol : ahora yo, ahora tú , lo que da un color especial al cielo y hasta un juego de luces que embriaga la tarde en el paseo.
Así ,entre aromas más vivos, más intensos por la humedad reinante, y con esa calma de no mirar el reloj, con la única obligación de sortear la rosaleda, la acacia o aquellas pequeñas florecillas que nos indican el lugar y la hora donde nos encontramos en un redondo reloj floral , me tropiezo con esa nueva franquicia de música, libros tecnología ect… no había entrado , entre otras muchas razones, porque sólo me atrae algún que otro disco .Mis libros, me gusta comprarlos en mi vieja librería. No hay tanto orden. En la mayoría de los casos he de preguntar al dependiente; el marketing está lejano, tal vez únicamente en las portadas de los libros de autoyuda, o aquellos técnicos del fondo. Huele a papel, a rato sin prisas, a silencio, a ese olor de serenidad y deseo de empaquetar ese libro, esas letras, y devorarlas cuanto antes. Pero cambié mi cita. Crucé el detector, pisé esa especie de moqueta que provocó mi primer estornudo, y me encaminé a la sección de música . Buscaba un disco en concreto. Mi pretensión, encontrarlo y salir a mi vieja librería .Y allí Estaba. Curiosamente. 84 Charing Cross Road. No recuerdo que me llamó la atención. A penas si tenía referencia de esta escritora, y tampoco me la habían recomendado Helene Hanff ,sin embargo hubo como un cierto flechazo entre ese libro y yo . Sin dudarlo, aún a sabiendas que es de esos libros que se leen de corrido tipo Marai , Zafón ect, está ya en mi bolso para su próxima lectura.
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Y se preguntarán a que viene todo esto.
Pues esas “casualidades” que aprovechan algunos para hablar de telepatía ect, y que yo sigo empeñadísima en decir casualidad. Seguro a todos nos ha pasado algún que otro deyabu, alguna que otra coincidencia.
Aprovecho para dejarles la ficha técnica del libro en cuestión
84, CHARING CROSS ROAD
de HANFF, HELENE
EDITORIAL ANAGRAMA, S.A.
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Rustica
Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Una mujer neoyorquina inteligente, solitaria, ingeniosa, culta, atrincherada en un apartamento pequeño y atestado de libros y ceniceros: Helene Hanff.
Londres: una ciudad donde todavía pueden observarse los cráteres de las bombas, donde hay que guardar tres horas de cola para comprar dos chuletas de cordero y donde una docena de huevos hace saltar las lágrimas de las ancianas.
Un inglés reservado, meticuloso, trabajador, casado con una mujer tan silenciosa como él: Frank Doel.
Helene Hanff descubre un pequeño anuncio en el Saturday Review de una librería de Londres especializada en libros de segunda mano. Decide escribir a esa librería pidiendo ediciones difíciles de encontrar a un precio módico en Nueva York.
Le contesta un circunspecto Frank Doel, fiel empleado de esa librería. De ese modo se inicia una correspondencia que durará veinte años, donde Helene y Frank Doel hablan de libros y libras, autores olvidados, harina, huevos, peniques, centavos, penas, alegrías, esperanzas, sueños, las insignificantes minucias que conforman dos vidas.
La alegría, el humor, el ingenio, la efervescente personalidad de Helene contrasta con la aparentemente fría corrección británica a ultranza de Frank Doel.
Pero el vínculo que les une, el amor a los libros, es más fuerte que sus diferencias y va haciéndose más profundo cada año que pasa.
La intimidad conseguida por este par de almas solitarias es más rica, más vívida, más real que ese océano que les separa y que ninguno de ambos se atreve a franquear.
El poder de evocación de este texto es fascinante: a medida que avanza la obra, el peso de las palabras no dichas, de las cosas que ninguno de ambos menciona, pero cuya ausencia se hace más y más presente en la obra, es un elemento que juega tierna y hábilmente con el espectador, llevándole más allá de los confines del apartamento de Helene y de ese lóbrego pero luminoso 84 Charing Cross Road, donde consume sus días Frank Doel.
84 Charing Cross Road es la historia de dos almas solitarias unidas por una pasión: la pasión por la lectura, por los libros, por esas ventanas hacia otras vidas que nunca nos dejan de fascinar.
Isabel Coixet.
Lo que dio de sí el haber cambiado un disco, por un libro, y la coincidencia de que ese libro se titulase como un lugar que se menciona casi a la par en este nuestro reducto virtual.
Verdad?
Esto podría titularse el desarrollo en contra de la síntesis