miércoles, 19 de septiembre de 2007

pamukkale


Pamukkale, quiere decir castillo de algodón. La naturaleza convertida en hábil arquitecto, sobre un acantilado fluvial de más de doscientos metros de altitud, eleva este grandioso decorado surrealista que no se encuentra otro igual en todo el mundo.

Desde lejos, Pamukkale da la impresión de una serie escalonada de cataratas fosilizadas, pero en constante ebullición, vivas y cristalinas. Si nos acercamos, el paisaje adquiere la dimensión de un fantástico jardín acuático, vertiéndose estanque a estanque formando inmensas caracolas de roca calcárea similares a exóticas flores de origen tropical, de una blancura azulada y de una tremenda belleza.

Los manantiales calientes que brotan constantemente del interior de sus suelos calcáreos son el origen de este prodigio y el motivo primordial del asentamiento aquí de tantas civilizaciones pasadas.
En Pamukkale, el agua termal brota a una temperatura constante de 35º, vertiendo un caudal constante de 240 litros por segundo. Esta agua se utiliza para el tratamiento de distintas enfermedades.
Pamukkale constituye un escenario natural, en lo alto de un altiplano que domina el fértil valle de Denizli , un mirador formado por centenares de travertinos de todos los tamaños


La mano del hombre que todo lo transforma… transformó este paraje con los complejos hoteleros, donde sin duda con mayor seguridad higiénica, pero con menor “glamour” se disfrutan esos baños ….el desvío de sus aguas hace que esta montaña de algodón cararezca hoy de sus piscinas , y las pocas que quedan se transformes en lugares cómodos para poder disfrutar de un paraje sin igual en la soledad y sin contaminaciones acústicas (no mencionaremos aquí otras que por masificación puedan darse)

Las bellezas siempre tienen este incoveniente: todo el mundo quiere y tiene derecho a disfrutarlas….

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